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Cómo influyen las expectativas de los padres sobre los hijos

Cómo influyen las expectativas de los padres sobre los hijos

Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es inútil. Albert Einstein      

    "Diego es un joven estudiante español, acaba de terminar sus estudios y se ha desplazado a Inglaterra para perfeccionar sus conocimientos de inglés. Su situación económica es algo precaria y se ve obligado a ir realizando algunos trabajos para salir adelante. En estos momentos se encuentra en los impresionantes edificios de una Universidad Inglesa. Ha respondido a un anuncio en el que se pedían personas para experimentos psicológicos. Un científico de pelo gris, bata blanca, amable pero severo le informa de que se pretende estudiar las reacciones de los psicópatas. Se le dice que simplemente tiene que entrar en una habitación y sentarse en una silla. En el extremo opuesto de la habitación hay otra silla y un hombre sentado en ella, el psicópata al que se va a estudiar. Le aseguran que no existe ningún peligro real, pues se le está vigilando con cámaras y en caso de ser necesario la intervención será inmediata.

   Entra en la habitación y ve un hombre, tenso, que le mira. Se sienta en su silla, algo nervioso. Al cabo de un rato, "el psicópata" se levanta –en realidad es un tipo normal que como él respondió al anuncio, al que se le ha dicho que nuestro joven es el psicópata y al que se le ha dado la indicación de levantarse al cabo de un rato-
Diego, al ver levantarse al otro da un respingo; el otro al ver dar un respingo a Diego coge la silla por el respaldo, por si acaso. Este acto hace que Diego se levante y grite llamando a los experimentadores. El otro, al ver fuera de sí a Diego, grita a su vez pidiendo auxilio. Los experimentadores entran y se llevan a cada uno por una puerta sin que se comuniquen.

   Cada uno de ellos comunica a los experimentadores lo peligroso que era el otro individuo. Un dato más: cuando a Diego se le explica lo que en realidad ha pasado, es decir, que no había ningún psicópata, le resulta muy difícil de creer porque él ha visto como el otro se alteraba sin ningún motivo, porque yo no hice nada agresivo. 
   La conducta de Diego es la conducta típica de la mayoría de las personas con las que se repitió este experimento. Una vez aceptado que el otro es un psicópata, la persona interpreta su conducta y sus reacciones de modo que encajen en la idea que tiene de él". (*)

el efecto pigmallion 2

   De la misma manera las personas solemos mantener creencias, tanto sobre nosotros mismos como sobre las demás personas que nos rodean y estas creencias, en muchas ocasiones, están tan arraigadas que condicionan nuestra vida, nuestros comportamientos y nuestras relaciones.

   En mi experiencia como profesor siempre me ha producido enorme tristeza encontrarme alumnos que, profundamente convencidos, dicen: "yo no sirvo"..."yo no valgo". Pienso en la cantidad de veces que, desde muy pequeños, han debido experimentar sensaciones de fracaso, la de veces que se habrán sentido ridiculizados y avergonzados por padres y profesores hasta llegar a este convencimiento. 

   Y lo peor, una vez que esa idea ha sido aceptada en su mente, la actitud de estos chicos ante nuevos aprendizajes, ante nuevos retos es una actitud tímida, desconfiada. Como apenas ven posibilidades de éxito, escatiman el esfuerzo necesario y, claro, el nuevo fracaso ya no sorprende, sino que por el contrario viene a reforzar aquella idea preconcebida y alejarlo de sus reales posibilidades.

   Pero afortunadamente, existe una lectura positiva, ya que también si estas creencias lo son, pueden llegar a convertirse en el impulso que les lleve a ser capaces de conseguir aquello que se propongan.

   Padres y profesores seguramente colaboramos a crear y mantener estas situaciones. Cuando en nuestra mente se forja una determinada creencia sobre la capacidad de nuestro hijo o alumno, sobre sus posibilidades, siempre, con palabras o con gestos, consciente o inconscientemente, con lo que hacemos o dejamos de hacer estamos comunicando lo que esperamos de ellos y esto, aunque de forma insensible, es percibido de tal manera que, con toda probabilidad, acabarán adecuando su respuesta a lo esperado de ellos. Los psicólogos hablan de "la profecía que se cumple a sí misma".

(*) Lindsay, P. y Norman, D. Procesamiento de Información Humana. Ed. Tecnos Madrid

José Santiago Villa Caigüelas. Profesor de matemáticas

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Comentarios  

José M Ramos 23-01-2016 21:00
Buen post. Lo cierto es que el experimento es muy curioso y refleja muy bien no sólo el tema de las expectativas de los padres hacia los hijos si no muchas otras interacciones sociales. Llegué a este post tras leer en el documento "Las relaciones entre familias y escuela. Experiencias y buenas prácticas" (http://www.mecd.gob.es/cee/actuaciones/junta-de-participacion/23encuentro.html), donde afirman que las altas expectativas que los padres tienen en sus hijos están vinculadas a un mayor logro académico de los últimos. Sigo sin estar seguro de los efectos emocionales que estas expectativas tienen en los chicos, tanto si obtienen éxito como si fracasan.

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